En pleno eje cafetero de Colombia, me encontré con una sorpresa que decía “café, café, café, caliente café”. Siempre puedes decir no o si, yo respondí: si quiero café y, este loro maravilloso parado en la cima de una pequeña estaca del estacionamiento, me contestó: “compra café, compra café”. La tienda del lugar estaba unos metros más adentro. Compartíamos el momento con varias personas, mientras otras, seguían bajando del vehículo.

Una de las compañeras de viaje, sin vivir la experiencia de la venta de café del loro maravilloso, recién saliendo del vehículo, preguntó al guía quien parado junto al loro escuchó: dónde está el baño, al mismo tiempo que nosotros conversábamos con el loro maravilloso, él dio la respuesta inmediata: “al fondo a la derecha, al fondo a la derecha”. Todos reímos con mucha sorpresa, y el loro dijo: “suerte, suerte, suerte”.

Un recibimiento diferente a cualquier otro. Nunca olvidaré el loro ni el eje cafetero que me enseñó mucho más que una buena degustación de café colombiano.

photo by: mariabelentinajerob
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